HOY, 24 de Agosto de 2017


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El Dorado de la Selva Amazónica

El Dorado de la Selva Amazónica

Buscan El Dorado en la Selva Amazónica

Expedicionarios creen que este mítico lugar estaría oculto bajo espesa vegetación en algún lugar entre Venezuela y Colombia en plena selva

El mítico El Dorado, ciudad en donde estaría oculto un fabuloso tesoro perteneciente a los Incas, está siendo buscado por expedicionarios italianos en plena selva. La búsqueda la han centrado en un lugar que se ubica entre Colombia y Venezuela hasta donde habrían llegado los Incas huyendo de los españoles.

Desde hace tiempo se sabe que en la selva amazónica hay ciudades incaicas ocultas bajo frondosa vegetación. En el Perú se han descubierto ciudadelas como El Gran Pajatén y también se han hallado caminos incaicos que se pierden en la selva.

Según señala el investigador Jorge Bonaffini Mendez, miembro de la expedición italiana que se encuentra en las selva, en Cajamarca el Inca Atahualpa pudo llenar un cuarto con oro en pocos días porque lo hizo trasladar desde El Dorado, en donde el valioso metal se habría encontrado en grandes cantidades. Esto hizo nacer la idea entre los españoles que debía de exister un lugar en donde se almacenase mucho oro. Además los indígenas hablaban de un lugar llamado El Dorado en donde el Cacique del lugar era espolvoreado con oro en polvo lo que le daría el aspecto de un hombre "Dorado", se decía además, que en ese lugar, los Incas habrían escondido su oro y de acuerdo a los informes que recogieron los españoles, ese lugar debía encontrarse en la selva.

En febrero de 1541, Gonzalo Pizarro inició una expedición en busca de El Dorado habiendo llegado a la cabecera del río Guapés en la frontera de Brasil y Colombia. Después fue Francisco de Orellana que siguió por el río Napo hasta llegar al río Amazonas y a la desembocadura al océano Atlántico. Ninguno de los dos encontró El Dorado.

En el libro “Los últimos misterios del mundo”, el investigador español Gaspar Montibelli cuenta que el gobernador del vasto territorio entre ente los ríos Orinoco y Amazonas, Antonio de Berrío partió de Tunja, en la Colombia central en 1584 con la intención de explorar el interior de las Guayanas, convencido que El Dorado se localizaba junto a un lago cerca de las montañas.

Mandó construir un barco y se dirigió con sus hombres por el río Orinoco. Había sido informado que los Incas, al huir de la invasión española se habían refugiado en la selva y fue en busca del lugar donde se encontraban. Lo mismo refiere el inglés John Heming en su libro “En busca de El Dorado”.

El gobernador Berrío habría sido informado por un nativo que, “a diez leguas del río Orinoco vivían diez mil indios”. Mandó, entonces, un mensaje a las autoridades de Bogotá sobre los informes recibidos diciendo que “tengo hecho grandes esfuerzos para interrogar a cada indio individualmente, apartándolo del resto, utilizando buenos trucos y técnicas de interrogatorio, de modo de saber que lo que dicen es verdad”.

La expedición de Berrío se internó en la selva, pero no pudieron seguir porque comenzaron las lluvias. El suelo se hizo pantanoso y los ríos se desbordaron. Berrio ordenó a sus hombres que acamparan a cuatro leguas del río Orinoco a la espera del fin de las lluvias, pero fueron atacados por cuatro mil indios achuas. Los españoles hicieron prisioneros que confirmaron que los Incas se habían refugiado en un lugar al otro lado del río Orinoco, por las sierras de Parima y Pacaraima, precisamente en donde los españoles esperaban encontrar El Dorado.

“Nos dijeron que en aquél lugar hay pueblos con gran población y gran riqueza de oro y piedras preciosas. Pregunté si había tanta gente como los achaus y se rieron diciendo que habían más casas y mas gente que en toda la selva del Orinoco. En esas montañas se encuentra el lago Manoa, de grandes proporciones, tan enorme que los indios tardaban tres días en cruzarlo con sus canoas. Después de cruzar el lago se encontraban las provincias de las Guayana que se extienden hasta el océano Atlántico”.

Otro expedicionario, de nacionalidad inglesa, Raleigh, por su parte, también partió años mas tarde de la Guayana en busca de El Dorado y refirió que había llegado a un lugar privilegiado junto al río Parime que poseía agua salada y tenía 200 leguas de extensión. Pero no hizo mención si había encontrado el tesoro que buscaba.

A su vez, el investigador Alexander von Humboldt, un cientista prusiano que realizó larga expedición por el Orinoco, a inicios del siglo pasado, sostuvo que el Parime era un lago imaginario porque no existía.

Interesado en el tema, el plástico chileno Roland Stevenson, radicado treinta años en la ciudad de Manaus, en Brasil, hizo una expedición por propia cuenta el año 1977 y después de diez años viajando por la selva amazónica a pie, en embarcaciones o en jeep consiguió localizar las ruinas de un camino incaico que atraviesa la amazonía llegando del Ecuador. Asimismo, encontró restos de construcciones de piedra y, para su sorpresa, dibujos de llamas en plena floresta amazónica. Stevenson concluyó que los caminos eran los que recorrían los incas en busca de El Dorado. Las construcciones de piedra serían los tambos en donde los viajeros paraban para descansar.

Igualmente encontró piedras esculpidas con ocho puntas, tipo de arma usada por los Incas y que pueden ser vistas en museos del Perú.

Sin embargo, el descubrimiento más fascinante fue hecho en 1987 cuando orientado por fotos del satélite del Proyecto Radam, Stevenson constató la existencia de una extraña marcación en todas la sierra de Pacaraima a lo largo de 400 kilómetrros, lo cual serían indicios de que en el lugar pudo existir antes un gran lago que se secó. Además, las once minas en donde actualmente se extrae oro en la zona bien podrían ser fuentes auríferas de las antiguas civilizaciones de los Andes. Esas minas están cerca de Boa Vista, ciudad brasilera fronteriza con Venezuela y donde hasta ahora se extrae mucho oro.